lunes, 26 de junio de 2017

TEPETOTOTL: Laqaj, el imán de las canicas


Por: Fernando Hernández

En una comunidad lejana, ubicada en la huasteca, hay casas elaboradas de palma y barro, muy cerca de dos arroyuelos, se encontra Laqaj, un niño de escasos once años, quien asiste a quinto grado de la escuela primaria rural indígena. En su morralito lleva sus libros, dos cuadernos, medio lapiz sin goma, media caja de colores, un sacapuntas, una regla y un compás, además de su trompo y como 50 canicas envueltas en una bolsa de nylon (nailon).

Es de los más atentos en las clases, la maestra les habla en su idioma que es el Tepehua y se comenta que ya aprendieron a sumar tanto en castellano como en su lengua materna. Laqaj es un experto en las sumas, el calculo y las multiplicaciones, sin embargo cuando sale al receso, se vuelve es el mejor jugador de las canicas.
En una ocasión, sus compañeros quisieron hacerle una broma, ya que el campeón había salido al baño y dejó mal puesto su morralito, se rumora que escondía siempre su canica preferida, la que le daba la suerte en todos sus juegos y sólo se la veían cuando iniciaba una partida. En ese instante, una niña se puso en la puerta del salon mientras un pequeño se asomaba al morralito de Laqaj, por más que buscó y buscó no encontró la famosa canica de la suerte.
Sonó el timbre y los de sexto grado junto con los de cuarto los invitaron a jugar canicas, por lo que Laqaj inmediatamente fue hacia su morralito. Tomó sus 50 canicas y precisamente muy escondida sacó la de su suerte. Uno de sexto expreso: -yo pongo las cuatro canicas. Otro marcó la linea desde donde iban a tirarle y el que atinaba, era el que recibía las canicas.
Cuando besaba su canica de la suerte, el pequeño Laqaj le atinaba y posteriormente el recibía todas las canicas. Quienes perdían sus canicas le compraban 10 o 15 canicas a Laqaj y él se les vendía, hasta que por fin el buen Laqaj terminaba ganandoles. Ahora en su morralito llebaba como 200 canicas que había ganado. Tocaban el timbre y regresaban a su aula para continuar con sus clases.
En otro tiempo, el pequeño Laqaj tenía mucha hambre y sólo llebaba como 10 canicas. Cuando salió al receso se puso a jugar y a jugar, ganando como siempre, pero ésta vez un niño que llebaba un billete de 100 pesos le habló al oido pidiendole que por favor le vendiera todas sus canicas. Sin pensarlo se las dio y con ese dinero pudo comer durante dos semanas a la hora del recreo.
Cuentan que el pequeño ya contaba como con tres mil canicas y sus mismos compañeros le habían puesto el nombre de Laqaj, el imán de las canicas.
Paxkatkatsini (Gracias)

venandiz@hotmail.com Twitter @tepetototl

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