lunes, 18 de septiembre de 2017

AUTOPROTEGERSE


(UN ENFOQUE CIENTÍFICO)

Por: Lilitt Tagle
Para quienes frecuentamos las redes sociales ya no es sorpresa encontrar noticias sobre rectores de universidades, locutores de radio, cantantes famosos, ministros de cultos,  y otros personajes que ocupan ciertos estratos no tan inferiores de la escala social, que expresan su opinión sobre cada nueva joven desaparecida, asesinada, secuestrada, violada. Estos sujetos dicen, en síntesis, la misma historia: ellas se lo buscan por vestirse así, por salir solas, por abusar de su libertad, porque no deben salir de noche, porque tomaron más de una copa, porque muestran las piernas o los pechos más de lo debido, por viajar solas, y una serie de razones que enardecen a sus lectores en las redes. Por ejemplo, sobre el artículo de www.diariocambio.com.mx, fechado 11 de septiembre de 2017: “El rector de la Universidad Madero  (UMAD), Job César Romero, responsabilizó a las mujeres de tener la culpa en ser víctimas de feminicidios o desaparecer, pues consideró que eso se deriva por el libertinaje en el que han caído."
El alud de respuestas a esta postura no se deja esperar. He seleccionado algunas de ellas manteniendo oculta la identidad de sus autores:
Réplica 1: Eso es misoginia y peor para alguien que dice ser profesional
Réplica 2: Pero que significa exceder la libertad? Estudiar? Ser? Trabajar? Tomar nuestras propias decisiones? Elegir? Pobrecito no merece ni ser llamado hombre, q no sabes q eso es simplemente libertad, sin género, tú desde luego ni tienes género ni cerebro, y tu posición sólo obedece a la inmensa ignorancia de los poderosos.... das vergüenza.
Réplica 3: Como puede gente así, tener a su cargo la rectoría de una Universidad, con tan corto criterio, que condenan la Libertad, que se ha conseguido con mucho trabajo, y sigue estigmatizando, por eso no podemos dejar de hablar de "genero" , siempre tenemos que catalogarnos para defender derechos, Uff
Mucho he pensado sobre este tema tan delicado. Fui educada en la segunda mitad del Siglo XX por un padre bastante dominante quien no dejaba libertad para divertirse. Su idea de la vida era el trabajo, la responsabilidad. “Ganarse el pan con el sudor de la frente”, solía decirnos mi madre y estaba muy orgullosa de ello. La libertad que se reclama hoy, era impensable entonces, y desde luego que yo misma estuve siempre en desacuerdo con el rigor con el que nos educaron y para nada lo continué una vez que se liberó la presión infringida por la manutención. He sido una mujer independiente que no se sometió a nadie más y cuando digo a nadie, así es. 
De cualquier manera, hay veces que siento exagerada la libertad que las jóvenes reclaman para sí mismas: salir a los antros y regresar cuando y con quien lo deseen, beber cuanto les venga en gana; vestirse también, como les venga en gana; hablar con un lenguaje que todavía hace veinte años me parecía inadmisible que usaran mis alumnos en el aula ni en el pasillo.
Ante tanto reclamo de la sociedad en general y la defensa de los derechos de la mujer en esa loca carrera por sentirse en igualdad con el hombre, me he preguntado varias veces: ¿En dónde se aloja la verdad? ¿qué es lo correcto? La cifra de jóvenes asesinadas, violadas, desaparecidas, es alarmante y no se ve para cuando vaya a detenerse. Y conste que no estoy ignorando a los jóvenes del sexo masculino que también desaparecen y son asesinados pero no se trata de ellos esta reflexión. Me he documentado mucho, he leído por ejemplo, a Bolaño. En su libro 2666, dedica 700 páginas a describir, una tras otro, el hallazgo de cadáveres de las muertas de Juárez. Ignoro cómo consiguió la información este chileno que vivió en México, estoy segura que tuvo acceso a los expedientes policíacos porque en sus descripciones no hay morbo y tampoco parece haber ficción, lo que sí hay, es cientos de mujeres asesinadas y en algunos pocos casos, el principal sospechoso es su propia pareja, la mayoría fueron depredadores incógnitos. Es mínimo el número de casos resueltos.  
Aunque hace rato quiero hablar sobre el tema, no se me había ocurrido algo que no fuera rechazado de inmediato por los jóvenes, hasta que pensé en abordar el tema bajo un enfoque científico: el análisis de decisiones, cuya ciencia aprendí con uno de los mejores profesores que la ciudad de Orizaba ha tenido: el pH D. Roberto Ley Borrás.  
Para el caso que nos ocupa, es simple el enfoque desde esta ciencia: Cada joven debe tomar la decisión de ir o no a cierto sitio, de usar tal o cual vestimenta, de tomar licor con medida o sin ella, de aceptar o no invitaciones de desconocidos, y así se pueden seguir enumerando las diferentes decisiones que debe tomar y que se van convirtiendo en secuenciales. Después de una, viene la otra: si va a ir a un antro, deberá pensar hasta qué hora, con quién, cómo irá vestida, y así. La lógica nos indica que la decisión que debe ser tomada es aquella que nos ofrezca los resultados esperados con la mayor probabilidad de que éstos ocurran, ya que la incertidumbre es una constante en el futuro de cualquier persona, eso que, en términos populares, reza: “ uno pone, dios dispone, viene el diablo y lo descompone.” Lo que quiere decir que no tenemos seguro nada. El resultado deseado para esta situación, asumimos, es que la joven quiere divertirse y pasarla bien y regresar sana y salva a su casa. En este momento acepto que a veces, las jóvenes se convierten en víctimas al salir de sus trabajos, caminando por las calles, etc. pero el tema que nos ocupa es sobre las salidas nocturnas. Ahora viene un ejercicio mental: aplicación de la probabilidad de que suceda algo malo (ser atacada) y altere el resultado que esperamos. Obviamente que la experiencia nos deja ver todo el tiempo que la probabilidad de ser atacadas aumentará un cierto puntaje por cada una de las siguientes variables: si salimos vestidas con esa ropa que atrae miradas masculinas, si vamos solas, si tomamos licor de manera exagerada, si vamos a esos sitios peligrosos donde se instalan los depredadores y cualquier otra variable que ustedes conozcan o intuyan pueda incrementar el riesgo. La probabilidad puede subir tanto que debería sonar en nuestro interior una alarma, una voz interior que nos diga:
-         Disminuye las variables que aumentan el riesgo. Las bestias salvajes están al acecho.  
Es lo mismo que cuando te diagnostican una posible enfermedad y el médico te dice: debes reducir la ingesta de grasas, de azúcares, hacer ejercicio, comer a tus horas, dormir suficiente, comer vegetales, bajarle a las carnes rojas si quieres sentirte sano y que tu cuerpo no enferme.

Ante una sociedad eminentemente machista, incapaz de autocontrolar sus instintos sexuales y de violencia, no considero prudente (por su falta de eficacia) seguir clamando porque “ellos” se comporten, se muestren civilizados y dejen de atacar. Lo que sería más útil, según la ciencia del análisis de decisiones, es  disminuir los riesgos de resultados indeseables cambiando nuestras conductas pero no por aceptar una pérdida de libertad, si no por protegernos nosotras mismas.     

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