domingo, 17 de septiembre de 2017

LA NOCHE DE LOS NAHUALES: Amaneció y el sismo aún estaba ahí…


Amaneció y el sismo aún estaba ahí…
Al perro más flaco se le suben las pulgas
Las razones del Marqués


Ya pasó la euforia nacionalista del grito de independencia en su versión 207. Culminó la fanfarria y el despilfarro en la quema de los juegos pirotécnicos, los acarreados, las arengas y los aplausos a-pagados. Amaneció y el sismo aún estaba ahí.

Ya terminó el patriotismo rancio y proclive a celebrar el inicio de la guerra de independencia y minimizar su culminación. La sangre de los mártires que corrió entre los años de 1810 y 1821 es propicia para las celebraciones de los que se encuentran en el poder.


Ahora es tiempo de pensar en la solidaridad espontánea y desinteresada de miles de mexicanos que sienten el dolor ajeno como propio. Familiares, amigos y conocidos que se encuentran en una situación de vulnerabilidad total. Bajo el poderío del hambre que los mantiene despiertos, de la superstición, del abandono oficial, de las promesas incumplidas, de la foto jactanciosa. En suma, de la indiferencia gubernamental que ha sumergido a lo largo de los años a pueblos enteros bajo el imperio de la indigencia, de la marginación y el engaño.

Pensar  en Oaxaca, es pensar en Juchitán, en la nobleza de sus mujeres que, trabajadoras, mantienen el matriarcado como forma de autogobierno en la casa, la ciudad y, en su gobierno local.

“¿Para qué trabaja el teco? Para que la teca gaste” rezan innumerables mujeres que desde temprano, mercaderes por excelencia, ofrecen sus productos: “totopa y camarona, manita” en las diversas comunidades aledañas al istmo de Tehuantepec. De esas mujeres robustas que conducen la economía de sus pueblos, en sus familias y tradiciones. En festín incontable, que por días enteros, celebran en honras solemnes un bautizo, una boda o un sepelio.

La imagen entrañable de las mujeres tecas que caminan siempre al frente mientras que su “hombre” marcha atrás con la carga en la espalda y el grito de la “marchante” ya no se ve ni resuena como antes en el suelo frágil y devastado de una Oaxaca cálida y llena de colorido, multicolor en sus prendas que engalana a la mujer istmeña que lo porta indicando con ello su estatus económico a las demás señoras que las ven pasar. GUIDXIGUIÉ” NABAANI, Juchitán vive…

Pensar en el gobierno y en su máximo Jefe del Ejecutivo, que con gesto fingido y profundo pesar ensayado, exhorta al pueblo mexicano a ser solidario, a donar cobijas y víveres de primera necesidad, llevarlos al Campo Marte para ser distribuidos en las zonas afectadas por el movimiento telúrico. Incapaz de firmar un decreto que coadyuvara en la emergencia nacional que aún enfrentan los pueblos marginados en el sur de la república.

Pero en lugar de lo anterior, esta situación fue tomada con calma. EPN fue tímido ante la cifra de fallecidos y cauteloso en el recuento de los daños. Los pobres entre los pobres no cuentan y no seguirán contando en las estadísticas nacionales.

Tal parece que los postulados de Marqués de Sade en su obra Julieta son vigentes, aún más en estos días de desventura para los más necesitados.

“(…) el infortunio es el juguete de la prosperidad; le está sometido por las leyes de la naturaleza; es preciso que el débil sirva de pasto al fuerte. Echa una mirada al universo; en todas las leyes que lo rigen encontrarás ejemplos parecidos: la tiranía y la injusticia, como únicos principios de todos los desórdenes…” (MARQUÉS DE SADE, Julieta, 2009, pág. 120).

Bajo la luz de los postulados de Marqués de Sade, los políticos nuestros se congratulan en mostrarse indiferentes y frívolos ante la realidad imperiosa que suponen la desgracia y el abandono que desde antaño han acompañado siempre a los marginados, presos, solos en la adversidad, acotados por la pobreza y la miseria, inmersos en su destino, en la ignorancia y en la falsa creencia que el poderoso se volverá solidario ante sus necesidades:

Quien sepa endurecerse ante los males del otro se vuelve pronto impasible a los suyos propios, (…), cuanto menos sensible eres, menos te afectan y más te acercas a la verdadera independencia. (…); comencemos por endurecernos frente a las primeras, y las segundas no nos afectarán, y, desde ese momento, no habrá nada que pueda turbar nuestra tranquilidad” (MARQUÉS DE SADE, Julieta, 2009, pág. 57).

Hoy más que nunca cobra sentido que “al perro más flaco se le cargan las pulgas” en relación a los hechos registrados por el sismo, los huracanes y las lluvias que implacables se han dejado sentir en las zonas más marginadas del país.

Pese a la desgracia de hermanos que se ven orillados a dormir a la luz de las estrellas, los políticos se congratulan de abrir centros de acopio, de cuentas bancarias sin razón social, hipando por la solidaridad que el pobre está “obligado” a brindar; incapaces de llevar la mano a la abultada cartera que caracteriza a la mayoría de la clase política empezando con el presidente de la república y su partida secreta, gobernadores, senadores y diputados; partidos políticos y la onerosa carga del aparato burocrático del estado mexicano. Ellos no están dispuestos a dar más que una miserable ayuda a pesar de sus vergonzantes sueldos y los dispendios oficiales.

Así también reza Marqués de Sade en su obra Justina:

“(…) provoco unas oscilaciones en el comercio, o unas carestías en los víveres, que, multiplicando las clases de pobreza, quitándole por una parte los medios de trabajo, y dificultándole por otra los de la vida, aumentan en proporción igual la suma de los sujetos que la miseria me entrega” (MARQUÉS DE SADE, Justina, 2014, pág. 149).

Es necesario ser solidario ante el necesitado, demostrar aún más esa característica de la bondad del pueblo mexicano que con base a múltiples sacrificios se saca de la boca el pan para brindarlo al desvalido y relegado. Porque en suma, “donde comen dos, comen tres y si no alcanza le pondremos más agua a la olla de los frijoles”.

Porque la sátrapa camada de políticos dirigidos, no por la misericordia que ennoblece al pobre y que desprecia el poderoso que guiado por la doctrina de Maquiavelo se aleja del precepto del buen samaritano; no debe desanimar nuestra buena fe aunque no nos tomemos la foto en cuya presunción se vuelve estéril frente a la mano que se extiende solicitando un punto de apoyo en su desgracia.

Pensar en Chiapas y tener razones para guardar luto; solidario ante la desgracia del que ha sido arrinconado desde tiempos ancestrales, ante el hermetismo oficial y el silencio de los medios. Porque Chiapas no sólo necesita ponerse de pie sino en marcha hacia su propia liberación de las cadenas incorpóreas que la mantiene atada ante la estaca invisible de la opresión y la férula del ladino.

Porque no bastó la declaración oficial de tres días de luto…

Chiapas, es la mujer que no merece el gañán que tiene como gobernador.


La desgracia ha servido para sacar a la luz la naturaleza ruin y mezquina que caracteriza a  nuestra clase política y representantes e instituciones gubernamentales. 

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