lunes, 15 de enero de 2018

LA NOCHE DE LOS NAHUALES


Benjamín M. Ramírez


LA HISTORIA DEL REY ENANO QUE QUERÍA QUE SU HIJO PEQUEÑO MANDARA EN LA TIERRA DE GIGANTES.

Terror no dejaba que Paz y Prosperidad llegaran a vivir a “La Tierra de Gigantes”. Intranquilidad robaba todos los sueños de los habitantes de esa fecunda comarca que producía toda clase de bienes.

Alrededor de “La Tierra de Gigantes”, en los demás reinos, Terror también gobernaba.


Terror era capaz de traspasar los límites y fronteras. Nada parecía detenerle. Para que los gigantes tuvieran miedo despedazaba los cuerpos, les cortaba las cabezas y las exhibía en la vía pública, o escondía los cadáveres en fosas clandestinas. A veces era bueno y comunicaba, a quienes buscaban a sus familiares, el lugar donde los enterraban.

Pasaron doce años antes de que el rey enano llegara a gobernar esas tierras bañadas en sangre. Con anterioridad gobernaron Fidelidad y Merezco abundancia. Estos dos reyezuelos emplearon a Terror para que hicieran el trabajo sucio. Así empezó la siembra de cadáveres y la cosecha de osamentas, muchos años después, y la desaparición de los dineros del erario.

Los gigantes no tenían a dónde ir o a quién recurrir.

Todo era un caos. Terror era tan visible que era común encontrarlo en las plazas, en los mercados, en las iglesias, dentro de las casas, en las escuelas, en las calles y autopistas sin mantenimiento y vigilancia.

Cansados, los gigantes ya no sabían que hacer. La ola de violencia que provocaba Terror salpicaba a todos. Algunos huyeron, otros se quedaron. ¿Qué hacer?

Era tradición entre los gigantes celebrar con muchos colores las fiestas de las “Elecciones”. En esa festividad se proponían candidatos a ocupar el trono, un color por cada candidato. A veces, los colores no se distinguían muy bien porque se coaligaban, juntaban o asociaban. Formaban partidos. Azul con amarillo. Tricolor -Rojo, blanco, verde-, azul turquesa y verde corrupción, y un color Moreno que resaltaba por encima de todos los demás y le tenían miedo.

Antes de las fiestas electivas, Justicia dejó el palacio y se arrinconó en la tierra de los Desaparecidos, temerosa de que la encontraran. Paz era su vecina y entre las dos se comunicaban con murmullos de voces, incapaces de comprenderse, a pesar de la distancia mínima de la separación.

Trabajo ya no quiso ir a laborar por temor a que sus ganancias se los llevara Terror o que en el camino tuviera algún percance o fuera levantado. Sólo en el palacio estaban tranquilidad y prosperidad, justicia y paz, pero era Terror que tomaba el disfraz propicio para cada ocasión. Terror era un perito del engaño.

El día festivo llegó. Las fiestas coloridas de las “Elecciones”. Ahí se presentó un enano que quiso ser rey. Junto a él iba “Rey pequeño”, su hijo.

Agobiados, los gigantes no quisieron refrendar a Tricolor y quisieron que azul y amarillo fueran los colores de las festividades. No ganó el enano. Ni tampoco el Moreno. Ganó la pasión por los colores y el dolor.

A Moreno le hicieron trampas que nunca pudo probar. Le faltaron unos cuantos puntos para coronarse rey. La federación de reinos sabía que si el color Moreno ganaba ya no se le podía parar. Así que hicieron gala y uso de todos los recursos acumulados por la experiencia, el poder y el dinero para someter la elección. Faltaban muchas festividades de colores por ganar en las fiestas de la elección Mayor.

Ganó el enano y lo coronaron rey. A él le encargaron devolver la tranquilidad a las tierras del feudo. Demandaron encontrar a Justicia, Paz, Prosperidad, Trabajo y Seguridad que se encontraban en la tierra de los Desaparecidos.

Pasaron los meses y el Enano Rey no cumplía con todas sus promesas de campaña y las exigencias de los gigantes. La situación empeoraba en lugar de mejorar. El enano estaba enojado. No sabía a quién culpar de sus desatinos: a la prensa, a las organizaciones civiles o a los ciudadanos. Se acercan las festividades de los colores, las fiestas de las “Elecciones”, -la fiesta mayor-.  

Ya los colores andaban en campaña. Un tenue y macilento tricolor, un azul naranja amarillento; y un Moreno fuerte y un gigante como su candidato, recorrían las comarcas de la federación de reinos.

Se sentía el pánico por doquier ante el avance devastador de un color obscuro que no se le había visto nunca antes participar en la contienda. Corría el rumor de que ganaría por un amplio margen. Imparable, justiciero. Por eso el rey exiguo requirió ponerle todo tipo de trabas para detener su avance y, en su momento, arrebatarle el triunfo.

El color Moreno y su gigante candidato avanzaban por todos los rincones en la tierra de los Gigantes. El miedo se percibía. Entonces el enano rey dijo que estaba loco. Que era un loco. Entonces recordé a Gibrán Khalil Gibrán, en su obra “El loco”:

Me preguntáis como me volví loco. Así sucedió:

Un día, mucho antes de que nacieran los dioses, desperté de un profundo sueño y descubrí que me habían robado todas mis máscaras -sí; las siete máscaras que yo mismo me había confeccionado, y que llevé en siete vidas distintas-; corrí sin máscara por las calles atestadas de gente, gritando:

-¡Ladrones! ¡Ladrones! ¡Malditos ladrones!

Hombres y mujeres se reían de mí, y al verme, varias personas, llenas de espanto, corrieron a refugiarse en sus casas. Y cuando llegué a la plaza del mercado, un joven, de pie en la azotea de su casa, señalándome gritó:

-¡Miren! ¡Es un loco!
Alcé la cabeza para ver quién gritaba, y por vez primera el sol besó mi desnudo rostro, y mi alma se inflamó de amor al sol, y ya no quise tener máscaras. Y como si fuera presa de un trance, grité:

-¡Benditos! ¡Benditos sean los ladrones que me robaron mis máscaras!

Así fue que me convertí en un loco.

Y en mi locura he hallado libertad y seguridad; la libertad de la soledad y la seguridad de no ser comprendido, pues quienes nos comprenden esclavizan una parte de nuestro ser.

Pero no dejéis que me enorgullezca demasiado de mi seguridad; ni siquiera el ladrón encarcelado está a salvo de otro ladrón.


  Pero el rey enano quería imponer en su feudo a su hijo como un rey pequeño… (Continuará).

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