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: Yo, migrante

Por Mabel García Ordaz

 

Montréal, Québec.- Que en Canadá los dólares están tirados en las calles, es solo una leyenda urbana, es decir, puro cuento.

Obtener un dólar es muy difícil.

Al llegar a Canadá, te das cuenta que el dinero que ganas aquí, aquí se queda. Con frecuencia se escucha que X vecino está en los Estados Unidos y que manda carretadas de dinero para su familia en México.

Solo se quejan de racismo y de que no son libres, sino esclavos.

Aquí en Canadá, el costo de la vida es alto.

Algunas provincias tienen fama de que pagan mejor, pero con rentas caras. En cualquier circunstancia, debes llegar a compartir departamento si quieres ahorrarte unos pesos.

Y no sabes lo difícil que es vivir con extraños.

Costumbres y hábitos diferentes.



Vas a vivir con gente que fuma y tu no fumas, o vas a convivir con quien bebe alcohol y se desvela y tu no bebes, o si el compañero o compañera es sucio y tu eres limpio.

De momento para salir del apuro, cualquier migrante llega a convivir.

Esa parte es una de las más difíciles de la adaptación. Si llegas con una mala persona, te deprimes y te devuelves pronto, sin alcanzar un objetivo.

Turistas sin teléfono.

Una vez que entras a Canadá, lo primero que deseas es estar conectado, porque al buscar un empleo, la agencia o el empleador te pedirán un número donde llamarte. No lo tienes.

Vas a las compañías a contratar uno y te piden  cuenta de banco. En Canadá un turista no puede abrir cuenta de banco.

Qué círculo.

Si quieres tener acceso a la cultura y vas a una biblioteca a cultivarte, te piden comprobantes de domicilio, o sea, servicio de telefonía o luz a tu nombre. Si no lo tienes, no hay acceso.

Así, el turista tiene que ser apoyado por algún amigo con papeles que le preste toda la documentación, pero nunca saldrá nada a su nombre. A mí me parece triste, es como no existir.

Los refugiados.

Para quienes piden el refugio a este país, el 80 por ciento de las peticiones son rechazadas. Durante el lapso en que el gobierno analiza la petición, transcurre un año, después de una audiencia, pueden recibir el si. Pero si reciben el no, les dan un tiempo para salir del país.

En ese tiempo muchos mexicanos realizan trabajo cash, trabajo no reconocido, ilegal, sin papeles. Los llevan a granjas o a campos agrícolas donde recogen zarzamoras y fresas, solo los mexicanos aguantan estar en cuclillas (agachados) durante diez horas o más, lo que digan los explotadores. Al finalizar salen sin poder incorporarse, muchos no se pueden levantar al día siguiente y se quedan en cama.

Cuando reciben su paga, una semana después, se enfrentan a la difícil crisis que todos pasamos, incluso Canadá registra incrementos de precios en los productos básicos.

El pan al que estamos acostumbrados por generaciones, nos cuesta cinco pesos un bolillo, pero no nos comemos uno.

El detergente para lavar ropa, 80 pesos el bote.

La lavadora con una carga, cuesta 25 pesos.

Algunos podrían mandar todo el dinero a su familia y enjuagar la ropa con agua y dejarla secar en el baño. El mexicano se las ingenia siempre.

La comida no es barata, igual hay que ingeniárselas. Los lugares donde dan de comer a migrantes por 30 pesos, tienen servicio de 11 de la mañana a una de la tarde. Es el horario en que todos trabajan.

Así que una buena torta de 40 pesos podría llenarles el estómago.

Ese tipo de vida es el que llevan las personas que viven solas, que dejaron su familia en su país y salieron a buscar un mejor nivel de vida que ofrecerles, pero a cambio, el sacrificio al que se someten es triste.

Los servicios están más o menos así en Montréal. Luz 400 pesos al mes, teléfono de la casa, 250 pesos, la tarjeta del metro 660 pesos, un teléfono celular 400 pesos, Internet, 400 pesos.

Estos costos se deben realizar cada mes.

La renta es otro punto, la más económica es de 425 aquí en Montréal.

De costos, todos los mexicanos sabemos, lo que queremos es tener un pequeño sobrante que nos quede para ayudar a nuestra familia.

Es difícil.

Por eso digo que todo lo que ganamos aquí, aquí se queda.

Es la trampa del capitalismo.



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